Mi cumpleaños había llegado y mi impaciencia por saber cómo continuaría todo iba creciendo aceleradamente.
Desperté la mañana del 30 de julio preguntándome si tener 18 años cambiaría en algo mi vida. De pronto, la puerta de mi habitación se abre y un par de manos que me resultaron familiares se encontraban sosteniendo una torta de chocolate, con confites y una bengala. Era ella. Mi corazón se aceleró inmediatamente y una sonrisa que creía perdida se había dibujado en mi rostro. Realmente estaba feliz, como nunca antes. Me di cuenta que la posibilidad de dejar de tener a mi mejor amiga era peor que pensar en la muerte. Pero en mí ya no cabían esos horribles pensamientos.
Luego de cantarme el feliz cumpleaños, me entregó un enorme paquete rosado y con estampas de flores y rayas. Lo abrí. Dentro del mismo encontré varios paquetitos más. Eran 18 regalos! uno por cada año. La abracé fuertemente, como si un desgraciado ladrón quisiera apartarla de mí. No tenía palabras para agradecerle que me haya sorprendido de esa forma, que me salude antes que nadie, que esté junto a mi otra vez.
-Qué regalos te gustaron más?- preguntó.
-Es difícil elegir, pero creo que los mejores son el cancionero y el álbum de fotos.
Me había regalado un cancionero violeta con canciones de amistad y un álbum de fotos nuestras y frases donde me agradecía lo que significaba para ella. Esos dos regalos para mi tenían no solo un valor especial, sino que eran muy personales, esos regalos que uno puede ver una otra y vez y nunca se va a aburrir, o al menos eso sentía yo.
Las sorpresas continuaban, Teffi me esperaba en el living para compartir el desayuno con ella. Había traído más cosas para comer que sólo ella sabía cuánto me gustaban. Todo iba marchando mejor de lo que esperaba, todo era tan sorprendente y emocionante a la vez que se me hacía difícil creerlo.
Comprendí que hay cosas que pasan cuando tienen que pasar, ¿para qué acelerarlas? Todo ocurre en el momento justo y muchas veces mejor de lo que imaginábamos. Si observamos cada detalle de nuestro día a día podemos ver que el universo conspira a nuestro favor SIEMPRE.
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