Luego de un viaje agotador logre pisar firmemente las calles de San Carlos de Bariloche. Cada quien se dirigió a la habitación indicada y desempacamos nuestras pertenencias. Teffi y Anto estarían conmigo en la inolvidable "416". Cuantas cosas viví ahí! pero nada se comparaba con mi cuarto, o mejor dicho mi cueva, como me gusta llamarla.
Una vez organizados todos, salimos a bailar a la primera discoteca: "By Pass". Y así fueron transcurriendo los días, conociendo nuevas discos y disfrutando de varias excursiones. Hasta que llegó el martes 13. Y fue realmente un martes 13 el día en que el mundo se derrumbo ante mi. Esa noche salimos a "Cerebro", allí mis sentidos se desvirtuaron, mi conciencia quedo anulada totalmente y cometí el error mas grande de mi vida. Le dije algo a mi mejor amiga, algo de lo que no tuve ni la milésima intención de decírselo, porque se trataba de una broma y lo peor: no lo dije en un buen tono. Así fue como nos peleamos y creo que no viene al caso contar todo exactamente como fue, pero en esto estuvo implicado un chico. Ella me conoce mejor que nadie y dudaba de mi? sé que di lugar a eso, pero me enojé más aún conmigo misma, por haberme expresado mal, porque en esa situación todo se malinterpretó, porque simplemente ocurrió y fui la causante de todo.
Al reaccionar sobre lo ocurrido, mi mente estalló. Me arrepentí como nunca antes me había arrepentido de algo en mi vida. Una sensación de intenso odio hacia mi se apodero por horas e incluso por días. Muchas emociones me invadían, entre ellas mi ira por haber cometido tal error y de forma inintencionada. Pero había una emoción aún mas penetrante: el miedo de perder a mi mejor amiga, de que ya nada vuelva ser lo mismo. Ese miedo que me hace dar cuenta de cuanto vale Teffi para mí. Ese miedo que siento cada vez que nos peleamos, sólo que esta vez, ese temor se hizo notar y convivía conmigo constantemente. Era una lucha entre el temor y yo, entre ese maldito llanto que me provocaba y que no podía controlar.
Los días pasaban y no había señal alguna de una posible "reconciliación" . Buscaba que me hablara, pero nada. Comprendí que ambas necesitábamos tiempo y yo necesitaba reflexionar más sobre lo que había pasado. Comprendí también que no era un simple capricho ni una pelea más. Sentí muchísima culpa y un inmenso deseo de retroceder en el tiempo y eliminar ese momento de mi vida. Además, con ella me podía imaginar miles de peleas, pero por un chico jamás. Porque ambas tenemos códigos y sé que jamás me fallaría porque la conozco y es mi amiga; y a eso se debió también mi dolor, al saber que ella sentía que le había fallado cuando nunca lo haría. Y es verdad, jamás le podría hacer mal porque es lo más importante que tengo, así de simple.
Finalmente llegó la última noche en el hotel. Mi cara se iluminó de alegría cuando volvimos a hablarnos bien, como siempre! con nuestras típicas risas y chistes. No podía explicar lo feliz que me sentía. Había aprendido muchísimo de mi error y estaba preparada para comenzar de nuevo y como siempre, hacer todo lo mejor posible.
Y no sólo llegó esa noche, sino que llegué a mi casa. Extrañaba muchísimo mi hogar, mi familia. Retomar el contacto con mis cosas, era lo que realmente necesitaba. Me tomé unas horas para escuchar música, mirar tele, charlar, subir las fotos y luego: escribir la carta del día del amigo. En esa carta escribí cosas que hacía mese tenía ganas de decir pero que nunca me había animado o simplemente no encontraba la forma, el momento adecuado. Pero la ilusión no había tardado en desvanecerse. Nuevamente, debí bajar de esa nube de ensueño. Entré a su blog y entré a su mente. Entendí perfectamente que necesitaba descargarse, e incluso me pareció que eso pasaría tarde o temprano; pero lo que realmente me alarmó y detuvo mi corazón fueron dos frases, dos ideas a las que toda mi vida les tuve terror, miedo. Dos frases que prefiero evitar y no escuchar: "cuanto la había decepcionado" y que "nada sería igual". Un nudo en la garganta tomó fuerza y poder, otra vez todo se había detenido para mí. Llegué a un punto donde el miedo me torturaba y quería escapar de todo, escapar del tiempo y cambiar mi pasado. Pero ya era tarde.
Nuestra amistad había estado en su mejor momento, pero con esto sentía que en un segundo se había derrumbado. No iba a permitir que estos años ya no sirvan de nada, no iba a dejar que todo desaparezca. Le respondí desde lo más profundo y sincero de mi corazón, le dije la verdad, lo muy arrepentida que estaba y le pedí desesperadamente una oportunidad. Y a pesar de que mi error fue sin querer y no tuve la intención, me sentía con culpa. Quise dejarle bien en claro eso pero a su vez necesitaba pedirle muchas cosas. Que me perdone, que entienda que no soy como llegó a pensar, que nunca tuve ese propósito, que quería estar bien y como siempre, que no sienta que la decepcioné porque simplemente jamás lo haría, pero sobre todo que me de una oportunidad. Me sentí vacía, inútil, estúpida e ingrata. Había aprendido demasiado de mi error, y estaba dispuesta a hacer todo lo mejor posible para ella, lo que sea.
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